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La ira de un dios [Libre]

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La ira de un dios [Libre]

Mensaje por Ares el Vie Sep 17, 2010 2:54 am


...

¿Qué clase de... broma macabra era aquella?

Desperdigados por el suelo del templo se amontonaban los cadáveres de quienes hasta entonces habían sido mis fieles adoradores... La cabeza del sumo sacerdote yacía con una mueca de deforme terror y los ojos vueltos hacia el infinito, mientras la sangre todavía fresca teñía el altar dorado como si carcomiese el noble metal. A los pies del mismo se encontraba su cuerpo, al igual que el resto de la comitiva, reducidos ahora a inhertes marionetas caídas en posiciones inhumanas, con el miedo todavía cincelado en sus poses encogidas intentando protegerse, la rabia y desesperanza de aquellos que parecían haber presentado algo más de batalla, pero por la forma en la que estaban distribuídos sin duda se había formado un gran revuelo, cada uno se había apartado intentando huír pero finalmente todos ellos habían acabado igual, y sus ensangrentadas togas formaban un macabro jardín de espinas a los pies de la estatua que me conmemoraba...

Ni siquiera las túnicas negras de las dos sarcedotisas que había enviado la estirpe de Pandora se habían librado, y se mostraban en pleno ruego hasta que varios lances les atravesaron como a los otros... Esta masacre nada tenía que ver con las Estirpes, ante todo velan por el funcionamiento de la ciudad y un acto como este podría desencadenar una guerra civil que desmembraría la polis... ¿Pero.. entonces..?
Entonces fue cuando lo supe. Me erguí en el centro de la sala, mirando hacia el entramado de columnas y sombras entre las cuales empecé a discernir el frío brillo del acero en sus armas... al igual que ellos comprendieron que ya era tarde para todo lo demás. Y empezó el infierno...

Sin mediar palabra me veo con dos hoplitas abalanzándose sobre mí, el destello de sus aceros es suficiente para que un instinto se despierte en mí haciéndome rodar a un lado lejos del alcance de sus lanzas. A mi espalda una copa estalla contra el suelo haciendo que por el rabillo del ojo capte la sombra que dirige en una carga letal... Un paso atrás, mi codo estallando contra su pecho resquebrajando su esternón, el aire abandona sus pulmones con un quejido de gutural ahogo, distracción suficiente para atraparlo por la nuca con una torsión de muñeca y con un fuerte tirón voltearlo sobre mi hombro izquierdo para dejarlo volar varios metros más allá a los pies de un par de compañeros que tropiezan dejando el cuerpo en una postura antinatural que da a entender su estado...
Un fuerte escozor en el hombro infringió la primera herida mientras una lanza resbalaba sesgando mi carne camino a mi cuello... Una patada en su rodilla que la dobla a la inversa, el grito de dolor acompaña a la liberación de la lanza que abandona sus manos, un descuido que propicia que me haga con ella y con un giro de 180º se inserte limpiamente entre las costillas hasta perforar el pulmón. Un barrido con el arma basta para frenar un segundo el avance, entre picadas y golpes sin contar con los diversos cortes los atacantes caían uno a uno, pese a su incesante empeño y fe de que podían ganar esa batalla...

Ya fuese a espada o lanza, los cortes siseaban en el aire de forma frenética y brutal, las fintas y quiebros para esquivarlos los convertía en escudos humanos contra sus propios compañeros, que no detenían la carga por la esperanza de que el arma llegase hasta mi, y he de admitir que aunque en el fragor de la batalla no lo sentí fueron varios los que hicieron blanco, pese a lo cual la mayor parte de la sangre que me empapaba no era mía...

Minutos después la cruenta reyerta había prácticamente terminado, el suelo había desaparecido bajo el manto de cadáveres, la sangre teñía las hasta entonces impolutas paredes del templo que parecía llorar la masacre... Miré a mi alrededor a pesar de que la sangre me empañaba los ojos, una estocada en el costado hacía que cada respiración doliese como mil demonios pese a que estaba lejos de ser un peligro real... Ingenuos... ¿de verdad creían que iban a poder contra el mismísimo Dios de la Guerra? Jadeando por el dolor y el esfuerzo clavo la lanza sobre uno de los montones de cuerpos en un extraño estandarte mientras la rabia fluye por cada poro de mi piel... pues aquello solo había sido el principio... Habían mancillado mi templo, masacrado a mis sacerdotes, y atentado contra mí... Un reto en toda regla, uno que se merecía la ira de un dios... Los mortales habían descuidado sus tareas religiosas pero aquello había llegado demasiado lejos, y una afrenta de tal calibre merecía ser vengada...

Tras recorrer la sala como una fiera enjaulada comprobando los cadáveres en busca de distintivo alguno o señal de vida una extraña calma se apoderó de mi, mientras la fina y afilada daga del rencor se clavaba en mis entrañas despertando mis instintos más oscuros... Tomé asiento frente al altar en el trono que me era consagrado, no había duda...

- Juro... que las calles de Atenas se teñirán de sangre...

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Ares
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Re: La ira de un dios [Libre]

Mensaje por Afrodita el Vie Sep 17, 2010 4:26 am

Había salido de mi hogar para dar un paseo del cual no sabía cuál sería el destino final ni mucho menos lo imaginaba, mientras iba caminando me dedicaba a pensar en cualquier cosa, y sin darme cuenta había terminado enfrente de la casa de Ares… no sabía si había sido sin querer o mi subconsciente me había llevado hasta ahí, sabía que no estaba podía sentir su ausencia en aquél lugar… pero ¿en dónde estaba? No lo sabía así que lo tenía que averiguar…

Merodeé un rato por aquél lugar hasta que el mismo Olimpo parecía un verdadero mercado, iban y venían, principalmente en la casa de Ares, detuve a uno de sus sirvientes y antes de que se embelesara le pregunté qué era lo que ocurría que todo mundo parecía haberse vuelto loco en menos de unos cuantos minutos, aunque no dejaba de verme también se notaba en su voz el miedo… quizá Ares se había enfurecido por algo, pero al momento de escuchar que habían emboscádole en su propio templo solté el brazo de aquél hombre y me apresuré para ir a su encuentro, tenía que comprobar por mis propios ojos que si no estaba totalmente bien al menos estaba vivo… las palabras que quería pronunciar no llegaron a salir de mi garganta por el temor que tenía de que algo le hubiese ocurrido, la ira también me embargó, no entendía como se habían atrevido siquiera a hacer algo tan atroz como aquello, en mis pensamientos también se dibujaba la pregunta de que si eso le habían hecho al mismo Dios de la Guerra, el cual era temido por muchos, ¿qué podíamos esperar los demás…? Negué con la cabeza mientras seguía mi camino hacia aquél lugar.

Mientras me acercaba al templo cada vez se sentía más frío, más soledad, era algo que al parecer nunca había experimentado, no podía dar un paso más hacia ese sitio que lo único que destilaba era peligro, muerte… esta última palabra hizo que mis pies solos empezaran el camino de nuevo hasta que estuve en la puerta, recargué una de mis manos en el filo de esta y me asomé un poco… el escenario hizo que me hiciera para atrás en menos de un segundo y llevara las manos a mi boca era una atrocidad, una perfecta carnicería humana…

No quería entrar eso era una decisión definitiva sin embargo necesitaba entrar… necesitaba… algo que nunca pensé era eso… necesitar algo… todo mundo me veía de una forma, pero también sabían cual era mi peor debilidad… cerré los ojos un segundo y entré al templo donde yacían todos los cuerpos, cuidaba mis pasos por donde pisar pero era imposible no tocar algo, tropecé con varios brazos y piernas que ya estaban inertes, mi vestido se empezaba a llenar de sangre de la parte de abajo, no había un solo sitio que no estuviera mancillado, uno solo que estuviera libre de ese color rojo carmín y el olor que empezaba a destilarse del mismo empezaba a hacerse insoportable, aún mientras trastrabillaba con algunos pasos me convencía de que era lo correcto, después de todo si venía me juzgarían y si no lo hacía igual, así que ya hechas las cosas no quedaba de otra más que terminarlas.

Llegué hasta el trono mientras veía su espalda y su cabello… me acerqué un poco más sin querer tocar nada pues la escena aún podía desquiciar mis sentidos al ver y oler la sangre como para que todavía la tuviera que tocar… y ver mis manos manchadas de esta.

¿Ares…?

Pregunté mientras seguía llegando hasta él y pude estar a su costado quería verle y saber que tan herido estaba pero al mismo tiempo no lo quería, no sabía si soportaría la escena, mi mano estaba vacilante entre llegar a su hombro o sólo quedarse en el aire, “Malditos mortales” exclamaba mi mente mientras reunía toda la calma que podía, sabía que él estaba aún más enojado que yo misma.

¿Qué ha pasado…? ¿Qué te hicieron…?

Mi voz salió apenas en un susurro el cual iba lleno de miedo e ira, era una mezcla extraña pero cierta, mi mano se detuvo a medio camino y regresó a mi costado empezando a hacerse hacia atrás hasta acomodarse en mi espalda, por fin lo pude ver y la escena anterior se borró de mi cabeza al verle, la sangre le cubría el rostro, los ojos, su toga, no sabía si era de él o de los demás, pero ahora eso no importaba, estaba sobre su cuerpo, bien podía haberme arrepentido de querer verlo con mis propios ojos, pero ahora estaba segura de que era lo mejor o si alguien me hubiera descrito la escena no la hubiera podido creer y me hubiera reído pues nunca pensé que algo así fuera posible y sin embargo lo era.

Me acerqué más a él para quedar de frente mis manos querían salir de mi espalda pero mi mirada bajó hacia el piso, no quería verle más de esa forma, vi como la sangre que cubría en un inicio sólo la caída de mi vestido empezaba a subir pues la tela le absorbía con rapidez.

Déjame curarte...

Algo tenía que hacer por él, además los demás no podían juzgarme esta vez... sólo era algo que se hace por... la familia, me acerqué aún más a él, arrancando un pedazo de la tela que cubría mis brazos la cual aún no estaba manchada y se la empecé a pasar por la frente tratando de enjugar la sangre que le cubría.
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Re: La ira de un dios [Libre]

Mensaje por Ares el Vie Sep 17, 2010 10:43 pm

No sé cuanto tiempo pasé así, inmovil con los ojos cerrados en mi trono, congelado mientras un huracán de hielo y fuego se removía en mi interior, la ira era una bestia ahora herida que se agazapaba en lo más oscuro de mi alma, esperando, con una paciencia voraz, el momento de despertar y cobrar el precio carmesí de sus agravios.
A pesar de que estaban a mis espaldas todavía podía sentirlos, cada cadaver, cada movimiento de la batalla, su sangre contaminando el aire con una pesada atmósfera... El goteo de mi propia sangre cayendo por el codo hasta estallar con un sonido opaco en el suelo parecía ser el único sonido perceptible en la sala, apresada por el silencio de la muerte... ¿Cómo había pasado todo aquello? No tenía la respuesta todavía, el palpitar de mi sienes hacía imposible cualquier pensamiento racional, todo era demasiado.. surrealista.

Un ruido en la puerta me alertó de que no estaba solo, con el fragor de la batalla todavía corriendo por mis venas no hice sino tensar cada músculo, apretando la hoja de la espada que yacía en mis rodillas como acto reflejo. No sentí el dolor, como en cada batalla había entrado en un estado insensible por la adrenalina, todo quedaba opacado y vacío, como verse desde fuera, los gritos, el peligro, todo quedaba fuera de esa asfixiante burbuja que retenía mi mente... El frenético palpitar que martilleaba mis oídos desapareció en cuanto noté su presencia, reforzada por su voz... No me moví en un primer momento, una parte de mi no deseaba otra cosa más que tenerla cerca, que aliviase todo aquello, que me llevase lejos y olvidar todo en su boca como tantas veces hicimos a espaldas del mundo, y dar la espalda a todo en estos momentos era una opción realmente tentadora... Pero otra... deseaba que desapareciese, que me dejase solo con toda mi rabia y mi dolor, que escapase de aquella carnicería que yo mismo había colaborado a crear, que se alejase de aquella bestia que no vacilaba a la hora de asesinar, que no me viese así... herido tanto por fuera como por dentro, sintiéndome humillado y en parte derrotado, dolido por la pérdida de mi séquito...

Sabía que la mayoría me veían como un dios sencillamente impulsivo y violento que no tenía mayor interés más allá de la guerra y sus desastres, que menospreciaba todo lo que no tuviera que ver con la lucha... Y yo se lo dejaba creer, como Dios de la Guerra debía dar tal imagen, un ser que muestra debilidad no podía infundir aplomo y seguridad en las tropas, así como tampoco infundir temor a sus enemigos en el campo de batalla... Glorioso tiempo en el que mi presencia entre las tropas conseguía alzar rugidos de victoria, tiempo en el que todavía creían en mí y me respetaban...

Abrí un ojo levemente, notando su figura a mi lado mientras su mano se acercaba a mí... antes de arrepentirse y bajarla. Cerré de nuevo los ojos, no era algo que pudiese reprocharle, no sabía que aspecto tenía en aquellos instantes pero tenía que ser horrible, sin contar con las heridas propias notaba como la sangre que cubría la mitad de mi rostro se iba secando, cuarteándose a la altura del cuello y hasta la tela se pegaba a mi pecho empapada, creando manchas más extensas y claras en las zonas que pertenecían a mi propia sangre fresca todavía, fluyendo poco a poco sin que les prestase mayor atención... No, realmente no daba una imagen a la que querer acercarse... y la idea de haberla decepcionado en cierto sentido latió intensa.

- Estoy bien... Intentaron matarme... como ves no lo consiguieron.

Mascullé en un tono algo ronco, haciendo una mueca al sentir como se rompía la costra que sangre que había sellado mis labios, no quería preocuparla pero en mi estado y rodeado de aquello era prácticamente imposible.. así que la encaré, alzando el rostro para abrir el ojo izquierdo, el otro yacía amoratado bajo una capa de sangre seca que iba aumentando con la brecha de mi frente. Sin embargo... una vez más caí presa de aquel efecto que tenía sobre mi, mis demonios internos dejaron de vociferar y la ira por un momento pareció desvanecer su llama, y aunque todo lo acontecido palpitase en mi cabeza por unos segundos se instauró una honda paz... Cuando acercó su mano hacia mi con aquel paño aspiré discretamente su aroma, intenso y dulce que pareció purificar mis pulmones del nauseabundo olor a muerte...

Quise derrumbarme. Quise abrazarme a su cintura y fijarme a lo único que parecía parte de una lejana realidad, quise que me salvase de aquella pesadilla y me mintiese, que dijese que todo estaba bien, me sonriese y apareciésemos juntos en una cama lejos del mundo... pero hay deseos que ni un dios puede cumplir. Dejé escapar todo el aire, dejándome a sus atenciones, procurando no hacer mueca alguna por el escozor de las heridas, una vez acabada la lucha nada se podía hacer para remitir su naturaleza, e incluso los dioses sangran...

- Los han matado a todos... Mis sacerdotes, mis fieles, todos ellos fueron emboscados... - susurré despacio pese a que se me escuchó claramente por el silencio reinante en la sala, y conforme pronunciaba aquellas palabras comprendía que todo había ocurrido de verdad...- No tuvieron oportunidad de defenderse... no los vieron venir, ni obtuvieron piedad alguna... Fueron un cebo... Los mataron a sabiendas de que en un intento desesperado me invocarían y yo acudiría... Cuando llegué vi los cadáveres, pero fue demasiado tarde... en cuanto alcé la mirada se abalanzaron sobre mi, veinte soldados perfectamente entrenados que pese a ver caer a sus compañeros no cesaron en su empeño de acabar conmigo... - apreté los puños con ira, notando como la herida inflingida por el filo de la espada latía- Era algo preparado... hombres entrenados con un plan bien estructurado... un complot contra los dioses...

Alcé la mirada, buscando sus ojos, el descuido de los humanos por los ritos divinos era todo un hecho sin embargo habíamos mostrado clemencia, atribuyéndolo como un hecho sin importancia por el que seguro pagarían de algún modo... De nada sirvió cuanto hicimos por ellos, que protegiese su ciudad de los persas, que salvásemos sus campos y mares, que velásemos por sus almas, sus familias, que pese a sus desprecio no les abandonásemos...

- El momento que tanto habíamos temido... ha llegado Afrodita. Los mortales se han rebelado... y te juro que tendrán la guerra que buscan.
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Re: La ira de un dios [Libre]

Mensaje por Afrodita el Sáb Sep 18, 2010 1:52 am

Verle de esa forma podía llegar a desmoronarme en menos tiempo del que yo pudiera imaginar, sin embargo algo dentro de mí sabía a la perfección que dejarme caer enfrente de él viéndole como le veía no era lo mejor que yo podía hacer, al menos no en un momento como este cuando lo que más necesitaba era apoyo, quizá hasta consuelo.

Sus golpes, sus heridas todavía algunas estaban sangrando, dejé de limpiar su rostro viéndole apenas intentando con toda la fuerza que tenía no maldecir enfrente de él o incluso llorarle por el estado en el que se encontraba, nunca imaginé verlo así… al menos no a él… de nuevo la pregunta de qué pasaría con los demás surgió en mi cabeza y la acallé al verle, pues ahora no interesaban los demás ni siquiera yo… sino él que estaba así.

Al bajar la mirada pude ver como él mismo ahora se empezaba a hacer daño, acaricié su dorso para poder zafarle la espada sin lastimarle, hice que poco a poco fuera quitando la fuerza que ejercía…

Ya no te hagas daño…

Más que una orden era una súplica, era un deseo ya no verle aún más lastimado, ya suficiente era con verle de tal forma como para todavía saber que seguía hiriéndose, dejé que la espada resbalara por su costado hasta caer en el piso salpicando parte de mi vestido… más aún de lo que ya estaba y el cual no me importaba, arranqué otra parte de tela que cubría mis brazos para cubrirle los puños y que dejara de correr su sangre… al hacerlo mis manos se vieron manchadas por esta, tomé aire, todo el que pude pero el olor no era del más agradable, cerré los ojos intentando concentrarme.

-El día en algún momento llegaría…- le vi abriendo los ojos despacio, la imagen que se me presentaba después de el rato que ya le había visto se me hacía ajena, lejana pues siempre le recordaba como cuando le veía en el lecho –Y no hubiera querido que tú fueras el primero…- mi voz apenas fue un susurro y al soltar su mano pude ver que su toga aún tenía sangre fresa y que fluía… todavía tenía una herida abierta, sin decirle nada simplemente bajé su toga como tantas otras veces y como nunca antes, vi la herida –Supongo que si trato de curar cada una de tus heridas antes de sanarlas todas terminaré sin tela de mi propio vestido…- negué con la cabeza mientras rompía la parte superior de su toga para usarla aunque no estuviera del todo limpia, su juramento me hizo temblar –Debería decir que no es una sorpresa escuchar el Dios de la Guerra planear una… pero… esta vez me da miedo…- alcé la mirada para encontrarme con sus ojos mientras hacía presión en su costado esperando que el fluido cesase –Ares si esto te ha pasado a ti… ¿qué podemos esperar los demás…?- al fin la pregunta que había rondado tanto tiempo en mi mente había encontrado la salida por mis labios, llevé mi mano hasta su ojo inflamado pasándola muy suave –Es decir… por una parte… una muy mínima, fue una fortuna que fueras tú…- realmente me sentía estúpida al decir esto –No me malentiendas… pero tú sabes defenderte, tú estás entrenado para ataques como estos… pero los demás no…- noté que el pánico se apoderaba de mí y mejor guarde silencio mientras seguía descubriendo mis brazos para que la tela absorbiera toda esa sangre que le cubría.

Me separé un poco de él aunque no quería –No me iré… sólo voy por agua…- por instinto o por lo que hubiera sido di un beso en su frente antes de alejarme y salir del templo, me senté en la pileta que se formaba afuera, destrocé la caída de mi vestido, hasta que la falda sólo cubría hasta mis rodillas, la mojé y limpié lo más que pude, enjuagué mis manos viendo como el agua estancada quedaba con ese color carmín que en los últimos instantes había visto más que cualquier otro, suspiré y volví a entrar, mis piernas se fueron acostumbrando al piso con ese tapete humano que se había formado, terminé con la piel lastimada por las lanzas que yacían en el piso pero eso no me importó, sabía que muchos de mis miedos se desvanecían cuando le veía, aunque ahora… al menos eso creía yo, era yo la que tenía que darle esa tranquilidad.

Sin decirle nada volví a pasar por su rostro ahora el paño mojado y las costras que se habían formado se desvanecían mucho más fácil, llegué hasta su cuello, después de un momento lo único que quedaba… al menos en su rostro y cuello, eran sólo los moretes que le habían ocasionado.

Lamento hacer tan poco por ti pero no tengo las cosas adecuadas para curarte como debiera… quizá deberíamos irnos…

Le vi sin poder dejar de acariciar su mejilla después de todo el aspecto que tenía no menoscaba mis sentimientos hacia él.

Tus sacerdotes y tus fieles tendrán que ser bien recibidos, después de todo murieron con honor y valentía…

Vi de reojo la escena de nuevo y un calosfrío me recorrió, le vi de nuevo y aún así no entendía como era que podía estar en medio de todo eso y que esta escena no fuera la primera que veía de esta naturaleza y aún después de eso en sus ojos se veía el pesar.

Cuentas conmigo, decidas lo que decidas…

Me daba cuenta que esto era lo más seguro que había dicho desde que había llegado al lugar pues después de todos y cada uno de mis actos todavía trastrabillaba hasta lo antes mencionado, en este momento me daba cuenta que había cosas que me afectaban y esta era una de ellas, o quizá la única que lo hiciera, anteriormente no había sentido ese… sentir, que no sabía explicar.

El lugar era un sitio sombrío uno en el que no me gustaba estar, la posición que asumía me dejaba poco espacio para poder ver las heridas que tenía infringidas, me hinqué frente a él para ver su abdomen, ya la herida había dejado de sangrar y la tela se había pegado a su piel por la sangre seca, a estas alturas ya era insensato cuidarme de no mancharme de sangre, me levanté apoyando una mano en su silla.

¿Qué más puedo hacer por ti…?

Me podía frustrar por completo al sentirme así… una Diosa… y no cualquiera… la de la Belleza... con un vestido roído y manchado, hincada frente a alguien… mi orgullo empezaba a aparecer de nuevo y hacía un esfuerzo titánico para acallarlo, para dejarlo guardado de donde no debía salir… no en este momento, el olor a muerte, soledad, tristeza, pesar se hacía cada vez más incesante y sin pensarlo dos veces con un solo pase de mis dedos en el aire hice que aquél aroma se desvaneciera dejando una fragancia a rosas, regresé mi mirada a él.

-Lo tenía que hacer, el olor me volvería loca…- cerré los ojos un poco culpable de lo hecho pero quizá el mismo aroma le relajaría a él, quizá era lo único que yo podía hacer ahora por liberarle de esa carga y esa culpa que traía… -Realmente me gustaría hacer más por ti… ya que por ellos no puedo hacer nada…- cerré los ojos con tristeza, todo el poder que tenía en este momento sólo se había disminuido a sólo cubrir un olor repugnante por otro más amable, cerré los puños con fuerza –Ares tenemos que hablar con los demás, todos tenemos que estar conscientes de lo que ocurre y alerta de lo que pudiera llegar a pasar después…- la idea me hizo temblar y voltear a ver a la puerta de nuevo –Debemos de irnos de aquí… nada nos asegura que no haya más como ellos por el lugar y que quieran vengarles…- mi voz salió apresurada y con temor.
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Re: La ira de un dios [Libre]

Mensaje por Ares el Dom Sep 19, 2010 4:39 am

"Ya, no te hagas daño..."

Aquellas palabras me hicieron abrir los ojos de nuevo, fue como si las ideas se abriesen paso a través de una espesa niebla, invitándome a volver a la realidad que parecía parpaderar tras mi rutinas, fuera de todo tiempo, eterna y efímera, una pesadilla que a intervalos parecía cumplirse, una verdad que a otros parecía desvanecerse en una oscura y placentera nada... Sombras, sangre, escenas que aún ardían tras mis retinas y sin embargo parecían tan lejanas a su vez, y en medio de toda esa confusión... ella.

Alcé la mirada, intentando que el único ojo que me permitía ver en aquellos momentos la enfocase, como tratando de conectar todo, de dar sentido a lo que sus labios pronunciaban... Pero la parte de mi que solo quería dejarse ir y hundirse en esa nada no podía hacer otra cosa que maravillarse con ella, su presencia a modo de divina aparición, parecía que irradiase luz propia en aquel infierno la misma que yo necesitaba... Bajé la mirada, viendo el acero bañándose lentamente en el néctar maldito, ¿realmente era aquella mano la mía? Debía serlo... el roce de sus dedos procurando alivar la presión que ejercía sobre el filo me produjo un escalofrío, y cedí lentamente, abriendo los dedos para dejar que retirase el arma, que cayó al suelo con un sonido metálico acompañado de un chapoteo que debió de salpicar todo lo que le rodeaba.

El rasguido de la delicada tela de su vestido, su piel desnuda llevándome a tantos momentos en los que era yo quien la liberaba de sus ropas, en los que todo parecía ser perfecto por un lapso de tiempo, pero no ahora, con sus níveas ropas empapadas en sangre y un gesto de deseperación y miedo ensombreciendo su mirada... ¿Qué le había hecho? Ella, diosa de la Belleza, del Amor, sumida en ese estado, rebajándose a cosas que dudaba hiciese por nadie más, era mi culpa... Quería decirle que parara, que se fuese y me dejase solo, que yo podía pero... la verdad es que deseaba nada de aquello porque si se iba volvería a caer.

¿Se daba cuenta? Dudaba mucho que supiese como su mera presencia podía afectarme, ya fuese calmando mi ánimo o como ahora evitando que cayese en el patetismo. Sus manos tan perfectas se manchaban con mi sangre, como si la contaminase, mancillandola poco a poco, consumiéndola por segundos, pero supongo que eso es lo que hace la guerra, acabar con todo lo bello y hermoso... ¿También acabaría destruyéndola yo? Parecía asfixiarse en aquella atmósfera, como una flor en un campo de batalla que muere poco a poco, la sangre anega la tierra volviéndola yerma, imposibilitando toda vida... Afrodita... no comprendía como podíamos ser tan iguales y tan opuestos, imposibles el uno sin el otro en cierto sentido...

- Me alegro de haberlo sido...

Respondí todavía encontrando mi voz, reconociéndome poco a poco mientras iba recuperando el control y la consciencia de mi cuerpo. Si había afirmado aquello sabía que en realidad era por una razón, la idea de que ella pudiese haber sido la víctima... el mero hecho de verla empapada en sangre me alteraba, imaginarla en el fragor de la batalla, herida, sola... Cerré los ojos con fuerza, apartando todo aquello de mi mente, era algo que no había pasado ni permitiría que ocurriese, así tuviese que acabar con todos los habitantes de Atenas no permitiría que ella corriese ningún riesgo... y un pensamiento de alivio cruzó mi mente: no la habían utilizado a ella de cebo.

- No es una idea que me desagrade...

Comenté cuando dijo lo de quedarse sin vestido, pese al horror que nos rodeaba ella conseguía subsanar esa parte socarrona y altiva de mi caracter, que sin embargo siempre se dulcificaba cuando me dirigía a ella. Además, pese al drástico cambio de escenario seguíamos siendo los mismos, y ella me volvía loco, conocía demasiado bien lo que escondían aquellas ropas, la deseaba de una forma que no creía que hubiese hombre alguno que pudiese sentir, pues era estúpido negar que ansiaba todo con ella...

La presión que ejerció en mi abdomen me arrancó un leve quejido mientras el dolor palpitaba en la zona, como cobrándose el tiempo que había sido ignorado antes de que me devolviese a la realidad. Sus ojos buscaron los míos e hice un esfuerzo porque los encontrara, descubriendo ese miedo que la atenazaba en ellos, el mismo que momentos más tarde cobró forma en sus palabras... Mientras me abandonaba a su caricia escuché con atención sus palabras, queriendo detenerla cuando comenzó a explicarse, pues en el fondo sabía que tenía toda la razón... Dioses como Poseidón o Atena también habrían tenido posibilidades pero... ¿qué había de los demás? Obviamente todos éramos dioses y enfrentarnos a un mortal no sería un problema... pero un regimiento entrenado con una lluvia de espadas y lanzas era harina de otro costal, una que había que combatir en el instante y su manera...

- Jamás me hubiese perdonado que te ocurriese algo así.. - admití, pues como siempre ella era mi primera preocupación, y ahí solos no tenía porqué negarlo...- Pero tienes toda la razón, sé que esta vez.. a habido suerte. Y no volverá a ocurrir, al menos no así... lo hablaremos con el resto, pero ahora hay que andarse con cuidado por inocente que sea el llamamiento o la excusa para caminar entre mortales, han dejado de ser los seres inofensivos que creíamos... - tomé su mejilla arrepintiéndome al momento pues no quería haberla manchado pero le urgía demasiado aquello..- Prométeme que no irás sola a Atenas... Por favor...

No era alguien dado a los favores y menos a las súplicas, pero con ella podría hasta ponerme de rodillas e implorarle, no se hacía una idea de lo importante que era para mí ni que sería capaz de hacer si una vez faltase, pues sentía que sin ella no tenía nada realmente importante que perder y eso puede provocar una catástrofe si se trata de un dios...

La vi alejarse y por unos segundos la angustia y la ira volvieron a amenazar con envolverme, susurrando pérfidas provocaciones en mi oído con promesas de una venganza que toda Grecia no olvidaría... Sus labios contra mi frente con esa promesa inscrita hicieron que volviese la calma, y con ella la consciencia de qué había pasado... Miré a mi alrededor, los cuerpos de unos y otros que al final murieron por nada... El pesar por los míos era una pena que iba a arder por mucho tiempo aún cumplida la venganza merecida, pues al fin y al cabo eran como mi "otra familia" una parte de mi fundamental y aunque nadie lo creyese querida, la cual iba a ser difícil de reemplazar.

Lo siguiente que sentí fue el agua helada recorriendo mi rostro, llevándose consigo la mayor parte de sangre y costras devolviéndome un aspecto bastante mejor del que presentaba a juzgar por su expresión. Bien que no era la mejor situación, pero sus caricias conseguían erizarme la piel como no lo conseguía ninguna batalla, tal vez el deseo de refugiarme en ella se hacía más evidente a cada roce... No habría querido que fuese ninguna otra persona la que había aparecido si había de ser sincero.
Me puse en pie cerrando los ojos un segundo con la mano en el costado, no sería demasiada buena idea lo de hacer movimientos bruscos en un tiempo... pero Afrodita tenía razón, teníamos que salir de ahí, todo aquello comenzaba a asfixiarme...
Pero antes...

Tomé un puñado de monedas acuñadas con mis señas, parte del tesoro del templo, y me desplacé por la sala completando el antiguo ritual mortuorio, colocando una moneda bajo la lengua de cada uno de mis fieles y servidores, su pago para el barquero Creonte, que esperaba que además de un pasaje al mundo de los muertos les valiese un buen lugar entre los allí reunidos... Tenía razón, habían muerto con valor...

Estaba tan concentrado en mis maldiciones y plegarias, descargando aquel tortuoso sentimiento de culpa por haberles fallado tanto a ellos como a ella que no me di cuenta de qué decía hasta que sentí el olor a rosas... Me giré mirándola, viendo aquel gesto de culpa o miedo... estaba agobiada, por el olor, por la sangre, por los cadáveres, por lo ocurrido, por mi... Cuanto la admiraba por mantenerse tan firme incluso cuando todo le iba en contra... Me acerqué a ella, tomando su mano con suavidad, no quería mancharla mucho más...

- A los reyes se les unge en mirra... seguro que considerarían un honor esto. Y...- me detuve a mirarla fijamente unos segundos, buscando ese contacto en el fondo de sus pupilas tan nuestro..- No te confundas... has hecho muchísimo por mi... me has salvado. - me obligué a sonreír levemete, y sin aguantarlo más me incliné para besar sus labios... Se sentía extraño mis labios ajados, todavía con el sabor de la sangre en ellos contra los suyos, tan suaves y perfectos como siempre... Aun así, todavía era nuestro beso, y su efecto en mi era igual...

- Necesito descansar un poco... después convocaremos a los Olímpicos, por ahora no van a perpetuar más ataques visto que el plan ha fallado... tenemos algo más de tiempo y... -cerré los ojos con fuerza..- Yo necesito salir de aquí... llevame lejos por favor... - le supliqué encontrándome otra vez perdido, pero sabía que en sus manos... estaría bien.


Última edición por Ares el Dom Sep 19, 2010 10:46 am, editado 1 vez
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Re: La ira de un dios [Libre]

Mensaje por Afrodita el Dom Sep 19, 2010 7:42 am

Aquella petición hizo que casi pudiera sonreír en medio de tal catástrofe, pero es que poco podía yo hacer con tan sólo verle, cerré los ojos una fracción de tiempo apenas perceptible evitando que mi cuerpo reaccionara a su tacto haciendo que mi mejilla reposara en sus dedos como quería… pero como precisamente no podía hacerlo, no ahora… le miré sintiendo en mi mejilla su piel y la humedad de su sangre, la escena que se dibujaba en mi mente era muy lejana a lo que yo pudiera creer que algún día podrían ver los ojos de alguien, un estado tan deplorable que nunca se hubiera podido imaginar nadie y que sin embargo pasaba… la idea de qué pensarían los demás al verme se desvanecía con sólo ver su rostro porque lo que había hecho era estar al lado de la persona que había amado más tiempo del imaginable, negué con la cabeza.

No iré a Atenas sola… te lo prometo, Ares…

Vi como empezaba con sus rituales y guardé silencio pues quizá si no se me consideraba la Diosa más humanitaria, ni la más dadivosa, en esta ocasión sus sentimientos iban mezclados y ese hecho lo cambiaba todo, dando un giro quizá inesperado, tal vez era mejor acompañarle por si se sentía débil y era mejor hacerlo antes de que las fuerzas también me abandonaran a mí, pero me mantuve en mi sitio, solamente viéndole y aguardándole, no sabía que era lo que me tenía un tanto exhausta, había sido un cúmulo de sentimientos, que ni yo había podido manejar, saberle herido, verle, curarle… era un todo en medio de una nada que me hacía querer abrazarle y decirle que todo estaría bien aunque ni yo misma estuviera segura de ello, pero también dentro de mí había otro sentir, que era el de estar entre sus brazos como en otras ocasiones, tan sólo en un abrazo que fuera reconfortante para ambos, negué con la cabeza y reaccioné sólo hasta que me hubo hablado nuevamente… sus palabras siempre me tranquilizaban, lo último que quería era ofenderle, pero tampoco me iría de su lado.

-Lo haría cuantas veces fueran necesarias…- eso era como una promesa pues sabía que no vacilaría en ir a su encuentro si sabía que algo le estaba ocurriendo, en este momento tenía una prueba de ello –No me importaría terminar de una forma peor que esta… si es por ti…- susurré en apenas un leve tono más alto que el sonido del viento que se podía escuchar atravesar las paredes y columnas de aquél templo que ahora velaba por las almas que habían caído no sin antes dar todo por lo que creían, verle acercarse a mí hizo que mi corazón volviera a latir, al parecer estar tanto tiempo en una escena de tal magnitud también me había llevado a ese estado en donde la muerte y la insensibilidad es lo único que reina y que puede cubrirlo todo con su manto. ¿Salvarle? ¿yo? Daría mi existencia si con eso me aseguraran su bienestar, algo que quizá no sabía porque nunca habían encontrado el momento adecuado para salir por mis labios o al menos expresarse de una forma que no le dejara dudar de ellos –Aún sigues lastimado, puedo hacer más por ti…- las palabras se fueron perdiendo mientras sus labios se iban aproximando a los míos hasta sellarse en un beso que pudo hacer que unos segundos me olvidara de lo ocurrido, sus labios no eran suaves como lo habían sido en otras ocasiones, el sabor a hierro que se mezclaba en ellos no era nada agradable, sin embargo no sabía como pero mis sentidos sólo se enfocaban a reconocer que era él, haciendo que esos labios tan míos de una forma que nadie sabía de igual forma lograran aplacar mis miedos y saciar la sed que me provocaba, haciéndome que notara que si estaba herido o lo que fuera nada de eso importaba porque lo que hacía que naciera en mí seguía intacto, o quizá no… pues siempre se sentía algo nuevo.

Tomé su rostro entre mis manos cuando le vi con los ojos cerrados –Habrá tiempo de todo…- prometí mientras volvía a besar su frente –Pero ahora lo primero eres tú…- quizá la palabra “ahora” no satisfacía por completo lo que realmente quería decir, pero era mejor así, al menos eso creía yo, le abracé por la cintura dejando que parte de su peso cayera sobre mí, en ese momento un pequeño calosfrío recorrió mi cuerpo mientras le ayudaba a salir del lugar, quizá era la Diosa del amor y sabía el significado de lo que ello conllevaba… celos, ternura, compasión, ayuda… cerré los ojos y negué con la cabeza pues en este momento me daba cuenta que nunca hubiera hecho algo así con nadie, con nadie que no fuera él.

Salimos del sitio y volteé a verle quizá ahora que el aire me daba en la cara podía llegar a pensar mejor, fuera de toda esa violencia, fuera de todo aquello que implicara malestar, fuera de todo eso que nunca había experimentado de una manera tan cercana, si quizá batallas sangrientas se habían propiciado por mi causa, también es verdad que nunca me habían afectado de tal manera como lo había hecho esta que ni siquiera había presenciado, pero que en este momento veía y sentía sus efectos, como si cada herida que él tenía estuviera sobre mi piel.

Conforme nuestros pies se iban alejando de ese lugar pude sentir una tranquilidad que empezaba a embargarme por completo, pues ya estaba conmigo, entre mis brazos y al menos se le veía un poco mejor de lo que lo había encontrado.

-Iremos a mi casa y terminaré de cuidarte, te daré una toga para que te cambies, algo para que comas, todo lo que sea necesario para que te sientas un poco mejor…- le miraba mientras íbamos camino a mi casa, realmente poco me interesaba lo que dijeran al verme llegar con él, después de todo era mi hermano, aunque no le viera como tal –Y no acepto una negativa como respuesta, Ares, no saldrás de mi hogar hasta que yo esté segura de que estás completamente bien o…- le miré con firmeza deteniendo un momento el camino para que viera la verdad de mis palabras -…O no saldré de tu casa, pero solo no te dejaré…- negué con la cabeza para reafirmar aún más la veracidad de aquello que decía –Serás el Dios de la Guerra, serás valiente, serás todo lo que quieras… pero precisamente por lo que eres no habrá ninguna palabra o acción que haga que te deje solo hasta no saber que te puedes mover por ti mismo de nuevo… sin un solo quejido…- ni una sonrisa se cruzaba por mis labios pues estaba convencida de que lo haría así tuviera que abogar con Zeus porque me dejara cuidarlo para después dejarle nuevamente, sería una tortura ese momento pero sino lo hacía no me perdonaría nunca el haberle dejado, tenía muchas cosas a favor, hasta donde yo creía… una era ese lazo familiar, otra era que yo le había encontrado y por tercera estaba que mi marido no me necesitaba en casa pues seguramente estaría trabajando.

El camino hacia mi casa nunca me había parecido tan eterno y quizá lo hubiera disfrutado teniendo la compañía que tenía sin embargo sólo me interesaba verle mejor, procurarle y el estar pensando en que hacer para mantener su bienestar, su salud y quizá su orgullo de la mejor manera posible no me permitía concentrarme en mi entorno.

Llegar a la casa hizo que casi suspirara de alivio, mientras le indicaba a los sirvientes que prepararan las cosas para terminar sus curaciones, le dejé en el lecho y me separé de él de nuevo viéndole, al fin podía decir que estaba tranquila, segura de que ya nada más le pasaría, no pude evitar dejarme caer en la silla que se encontraba cerca de la cama descansando y cerrando los ojos unos instantes hasta que los sirvientes estuvieron en la alcoba, me levanté y tomé las cosas.

-Es… es…- me aclaré un poco la garganta, era extraño tener esa sensación después de que sería lo más lógico, separé la toga de las demás cosas –Es de Hefesto… si… te la quieres poner aquí está… si no... puedo mandar a alguien a conseguirte una a tu casa mientras te aseas por completo…- le sonreí mientras dejaba la toga a su lado y ahora tomaba uno de mis vestidos para cambiarme –No tardaré… sólo iré a cambiarme…- salí de la alcoba rápidamente aunque las piernas me pesaban aún.

Llegué hasta el lugar para asearme, la arcilla utilizada quería que quitara de mí toda mancilla que hubiera quedado, quería borrar de mi piel cualquier rastro de lo que se había vivido aunque quizá no lo hiciera porque en la memoria quedaría y algo dentro de mí quería recordarlo pues había sido un acto puro... sin que mediara beneficio para mí, sin que yo ganara nada... no había sido por interés... mis actos fueron por motivos más fuertes que el orgullo... me vestí de nuevo acomodando mi vestido, de nuevo me sentía yo, de nuevo me veía como yo... quería llegar a su encuentro y saber que era lo que decidiría acerca de mis cuidados, de los cuales no se libraría, sino sólo escogería el lugar para recibirles, entré con calma en la alcoba viéndole de nuevo.

¿Ya has pensado que es lo que harás...?
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Re: La ira de un dios [Libre]

Mensaje por Ares el Dom Sep 19, 2010 11:44 pm

Mientras salíamos del templo sus palabras resonaban en mi mente, leyendo entre líneas, mirándolas desde otro punto de vista, descubriendo lo que de verdad querían decir o al menos quería que dijesen, envolviéndome en esa sensación de paz... Siempre era así, medias frases, miradas que decían más que nuestras bocas, gestos que parecían ser una ilusión pero que ahí estaban... Era frustrante, tener que callar todo lo que en verdad quería decirle, esconder esas palabras tras una nueva máscara rogando y temiendo que encontrase lo que encerraban... Después de todo no tenía derecho alguno sobre ella, la amaba, daría cualquier cosa por ella, y en cierto modo sentía que ella lo sabía pero... era un amor complicado en una situación todavía más complicada si cabe... y yo me había terminado por conformar con ser el favorito de sus distracciones, o de eso intentaba convencerme... Porque seguía deseando más, deseaba ser claro de una vez por todas, deseaba tener que dejar de esconder lo que todos sabían, deseaba no tener que volcar todo lo que sentía como si fuera mera "pasión", ya que era mucho más...

Cerré los ojos unos segundos ya fuera del templo, descansando un tanto de mi peso en ella mientras procuraba que el brazo que rodeaba sus hombros no terminase por mancharla todavía más, aunque con los destrozos de su vestido dudaba que importase a estas alturas algo más de sangre. Los abrí, mirándola de reojo, viendo como su expresión cambiaba a cada paso, recobrando su anterior fuerza y calma, como si el aire puro la limpiase al respirar de nuevo la vida... Porque ella era todo vida, la muerte y destrucción la debilitaban mientras en la sangre y la violencia residía mi propio poder... Había de admitir que esta vez fue diferente. Había participado en incontables batallas, peleando en primera fila junto a mis soldados, viendo como caían unos y otros en guerras que llenarían historias por toda la eternidad... Pero en ese caso eran luchas dignas, cara a cara y en mayor o menos igualdad de condiciones. En esta ocasión verles caer por una traición... sus cuerpos... sus últimas plegarias en mis oídos... Mentiría si negase que había sido horrible.

Sonreí sin poder evitarlo al escuchar su firme declaración de intenciones respecto a no dejarme salir ni apartarse de mi lado hasta que me encontrase perfectamente bien... y aunque quedase mal que el Dios de la Guerra se quejase por unas cuantas heridas una parte de mi mente de lo más convincente ya había comenzado a barajar la idea de echarle un poco de cuento con tal de retenerla junto a mí un poco más.

-Será mejor que me quede en tu casa... si vinieses conmigo tu querido marido pondría el grito en el cielo y echaría la puerta abajo... Con que hayan mancillado mi templo me basta por hoy. - alegué no exento de malicia, todo lo que se refiriese a Hefesto hacía que se me revolviese el estómago, aunque su adicción por el metal y el fuego de su fragua nos permitía estar practicamente a nuestras anchas... Y de buscarla lo más seguro es que antes recorriese todo Atenas intentando encontrarla con alguno de sus amantes que en su propia casa, confiado de que sus sirvientes velasen porque yo no entrara... Pero ni siquiera el servicio escapaba a los encantos de Afrodita, tenía su fidelidad más que asegurada y de todas formas... siempre habría una excusa que dar, que obviamente dejaría la palabra de un mortal en aire. Al menos esta vez la excusa sería real y visible.

- Sabes que no se me ocurriría llevarte la contraria - alegué en un suspiro recalcado por una media sonrisa divertida, la conocía demasiado bien como para saber que éramos igual de obcecados, y cuando una idea se nos metía en la cabeza era prácticamente imposible disuadirnos de ello. Sin embargo, no había rastro de sonrisa alguna ni diversión, aquello lo había dicho completamente en serio, y no solo por mi y mi cabezonería para evitar mis refunfuños, sino también por el resto, porque estaba dispuesta a que nadie nos separase ni pusiese trabas a sus intenciones, así tuviese que enfrentarse al resto del mundo... pese a que ambos sabíamos que no sería nada extraño, ya lo habían intentado muchas veces y lo harán otras tantas...

Al llegar a su casa pude sentir las miradas sorprendidas y horrorizadas de sus sirvientes que no dudaron un segundo en obedecer a Afrodita en sus indicaciones. No era raro que me viesen por ahí aunque intentase evitarlos en la mayor medida de lo posible, todos sabían de mis visitas a su lecho, de hecho tanto dioses como mortales conocían nuestra relación aunque rehusasen a hablar de ello, el único que todavía se negaba a aceptar el hecho era su marido, quien prefería trabajar pensando que tenía una esposa fiel que no cedería ante las oscuras tentativas de su hermano...

La idea de que fuese mi hermano todavía se me hacía difícil de aceptar, a pesar de que el término fraternal carecía de demasiada importancia en nuestra familia dada su frecuencia y falta de significado, pues aunque fuese hermano de Afrodita jamás me había visto como tal y dudaba mucho de que ella a mí, como ocurría con la mayoría de vástagos de mi padre, aunque había casos como Atena, por imposible que parezca dadas nuestras constantes riñas y provocaciones ella tal vez fuese una de las pocas excepciones... Pero Hefesto... a él sí que lo consideraba mi hermano como tal, a fin de cuentas habíamos sido criados por la misma madre y el carácter de Hera junto al trato que nos brindaba a ambos había fortalecido ese sentimiento. Pero éramos tan diferentes...

Al acostarme en su lecho apreté los dientes soltando el aire en un silbido, cada cambio de postura se podía convertir en un auténtico suplicio, mis músculos parecían haberse enyesado negándose rotundamente a estirarse de nuevo. Cerré los ojos, procurando mantener algo de mi orgullo frente a ella, pero no hizo falta demasiado esfuerzo ya que mi atención se vio ocupada por un nuevo suceso... El ambiente se había vuelto tenso de pronto, su titubeo incómodo se reflejó en mi nervioso intento de búsqueda de postura... Clavé la mirada en la toga de Hefesto, frunciendo el ceño pese a mis esfuerzos por contenerme, dudaba incluso de que me fuese a quedar bien pero callé por respeto a ella... Todo era un estúpido ataque de celos, uno de los tantos que solía tener pero los cuales me tragaba en silencio haciendo como si no me importasen... Tamaña mentira, ardía por dentro en rabia con el mero hecho de imaginar que otro la tocaba, que mi propio hermano podía disfrutar de su lecho, el mismo en el que yo estaba tumbado... Él poseía lo único por lo que cambiaría todo lo que tenía sin dudar...

Seguí sus pasos fuera de la habitación con la mirada, cerrando los ojos para suspirar... aquellas formalidades me ponían enfermo, la había visto desnuda cientos de veces, conocía cada una de sus curvas, cada centímetro de su piel mejor que nadie en este mundo... Pero la extraña situación parecía haber tendido un velo de pudor entre nosotros, obviamente no estábamos allí como amantes... al menos no del todo.

Me levanté de golpe dándome el placer de maldecir y blasfemar por el dolor de las heridas tensándose por el brusco movimiento, aunque por fortuna ninguna pareció llegar a abrirse. Estaba enfadado, enfadado por lo ocurrido en el templo, enfadado por haberles fallado a ellos, a ella, enfadado por haber sido tan torpe como para que me hirieran, enfadado porque ella me hubiese encontrado en un estado tal deplorable, enfadado con Hefesto por poseerla, por ser dueño de ese lecho donde tantas veces la había amado, enfadado por tener que esconder todo lo que sentía como mera "pasión", enfadado conmigo mismo por hacerlo, por sufrir aquellos estúpidos ataques de celos...

Comencé a desnudarme, prácticamente arrancándome la ropa, tirando de los trozos de vestido que habían servido a modo de vendajes, como si quitándome todo aquello el enfado que sentía fuese a desvanecerse... y en cierto modo lo hizo, me relajó, aquello solo había sido una explosión por todo lo acontecido...
Me acerqué a la jofaina que había frente a la cama, llenándola de agua para hundir el rostro unos segundos, notando como el gélido líquido sosegaba mi ánimo refrescando mi cálida piel... La saqué frotando mi rostro para intentar terminar de sacar la sangre seca, pasando luego a las manos, muñecas... allá donde mirase había rastros así que en un arranque tomé el balde y me lo eché por encima harto de verla... pero iba a necesitar más agua, mucha más.

¿Ya has pensado que es lo que harás...?

Me giré sorprendido al escuchar su voz, y no pude sino dedicarle una de mis medias sonrisas... Enfundada en aquel vestido apoyada en el marco de la puerta volvía a ser la misma Afrodita radiante y sensual de siempre... Me giré, acercándome a ella un par de pasos sin prisa, pasándome la mano por el pelo para retirar los mechones que habían quedado pegados a mi frente.

- Sí... voy a darme un baño. - enuncié encogiéndome de hombros, pues tenía muchas cosas que pensar pero... habría tiempo para ello, necesitaba despejarme un par de horas en las que lo único que quería hacer... era disfrutar de su compañía. Ese día había estado a punto de perderla para siempre, de perder todos esos momentos que nos quedaban por vivir juntos, de callar para siempre lo que no había tenido el valor de decirle nunca... Alcé una mano llevando mis dedos, ya exentos de sangre aunque mojados por mi pequeño encuentro con el balde, a su mejilla, trazando su contorno con infinita delicadeza... - Siempre que mi cuidadora me lo permita... - miré sus ojos con una sonrisa, cuando ella estaba cerca nada importaba...

- Ya habrá tiempo para la guerra... ahora solo deseo estar contigo. - confesé en un sereno susurro, notando como la sinceridad empujaba mis palabras con un nuevo afecto...
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Re: La ira de un dios [Libre]

Mensaje por Afrodita el Lun Sep 20, 2010 5:37 am

Había escuchado algunos gritos y blasfemias de las cuales no pensé que hubiera efectos y a lo cual me había equivocado, indiqué que se limpiara el agua derramada y que se le trajera más, incluso que se le tratara con todas las atenciones que un invitado merecía, las caras de los sirvientes y esclavos demostraban el temor que le podían llegar a tener a mi marido, pero eso poco me importaba, sabían a la perfección que también les era agradecido el que me obedecieran y que eso hasta el mismo Hefesto les reprocharía.

Le volteé a ver mientras se iba acercando a mí de nuevo, con ese paso lento y sosegado que pocas veces tenía, todavía estaba lastimado, sonreí al escuchar sus palabras –Claro que te lo permito, sólo no hagas desparpajos... o te lastimarás de nuevo…- suspiré dejándome llevar por la tranquilidad de su mirada, no podía apartar mis ojos de los suyos –Y yo contigo…- la voz se ahogó antes de que pudiera tomar un tono adecuado para salir –Si necesitas ayuda aquí estaré…- la coquetería natural que surgía cuando alguien estaba cerca de mí se acentuaba cuando mis atenciones iban dirigidas a él.

Escuchar que la servidumbre estuviera hablando entre susurros era algo que podía alterar mis nervios, todo giraba en torno a mi matrimonio, la realidad es que nunca comprendí si todo mundo sabía que era lo que ocurría entre Ares y yo, porque nadie lo aceptaba, ni mucho menos lo permitía… era mucho más sencillo… incluso para Hefesto, dejaría de ser el hazmereir de todos, aun así lo rechazaba, cuando una de las sirvientas entró al cuarto y vio a Ares sus ojos se posaron sobre él, no pude hacer nada más que colocarme delante de él cubriéndole con mi espalda sin apegarme a su cuerpo, mientras seguía con la mirada fija a aquella mujer que se había osado a dirigirle la mirada, mientras terminaba de seguir mis órdenes al pie de la letra… sabía que no me pertenecía… al menos no a los ojos de los demás y quizá tampoco a sus ojos, sin embargo era mío, esperé que se fuera para verle de nuevo de frente…

Parece que las esclavas no estarán tan molestas de verte aquí por un tiempo… aunque quizá sí… alteradas…- sonreí de lado tratando de que las palabras salieran simplemente como una afirmación sin importancia… algo que sólo ocurre y a nadie afecta, esperaba haberlo logrado-Te prohibo que pongas de cabeza a mi servidumbre o... tendré que mandártelas...- la broma en realidad no me había hecho gracia pero algo tenía que hacer para remediar mi actitud anterior –Mandaré a avisar a Hefesto para que la noticia no le sea tan alarmante…- poco me importaba aquello, en este momento estaba decidida a que el Olimpo se pusiera de cabeza de una forma literal y ni aun así le dejaría, di un par de pasos más hacia él delineando sobre su rostro apenas tocado por la yema de mis dedos su ojo –Pensé…- negué con la cabeza y me quedé callada, perderle hubiera sido mi propio fin –Pensé que el Dios de la Guerra no se quejaría tanto…- intenté sonreír separando lentamente mi mano de su rostro para dejarla un poco sobre su hombro, era mejor seguir callando aquello guardado por tanto tiempo, después de todo ¿alguien realmente creería que yo podría enamorarme verdaderamente? No lo sabía, quizá ya todos se habían acostumbrado a ser uno más… y era lo que muchos sólo esperaban ser… uno más en mi lista interminable –No estar acostumbrado a ser herido trae sus consecuencias, querido…- podía sonar a reprimenda pero la realidad es que tenerle cerca para poder procurarle era una sensación satisfactoria.

Muchas ideas se iban agolpando en mi mente, tenía que ir ordenándolas una a una para que todas tuvieran una solución lo más sensata posible, aun así mis ojos seguían perdidos en los suyos, no quería perder más tiempo del que había perdido sin seguir a su lado pero… era algo que estaba muy lejos de mi alcance, hasta los Dioses teníamos limitantes –No sé donde te quieras quedar a dormir… hay algunos cuartos para que escojas…- las palabras me sonaban tontas, huecas, faltas de sentido pues hubiera querido compartir el lecho con él, quedarme sobre su pecho dormida hasta que tuviéramos que despertar –De cualquier forma el que elijas estará bien y ahí me quedaré contigo…- una sonrisa iba a cruzar por mi rostro y la oculté tomando aire, todas esas emociones que desataba en mí no eran el mejor momento de externarlas… -Por si algo se te llegara a ofrecer, además con esa herida…- llevé mi mano en una caricia desde su hombro hasta su costado con tal suavidad que mis dedos apenas pudieron tocar su piel lastimada –No te puedes levantar solo…- sólo eran pretextos, puros y vanos pretextos para estar con él, para seguir cada uno de sus pasos, para no perderle de vista, para cuidarle, aunque no sabía como sería después el dejarle partir cuando estuviera bien, como sería verle cruzar esa puerta para que la tuviera que cruzar de manera furtiva en alguna otra ocasión.

El ajetreo en mi casa era notable y aun así toda mi atención sólo la tenía una persona, separé mi mano de su costado y me acerqué otro paso más a él depositando un beso sobre su mejilla, dejando que mis labios se quedaran ahí un rato, respiré su piel y mi mano por instinto fue hasta su otra mejilla, mientras mi boca seguía sin moverse, sabía que si la alejaba de él estaría perdida de nuevo, sabía que haberle visto de esa forma, que él incluso tuviera la posibilidad de que todo se perdiera, de que todo acabara sin habernos ni siquiera despedido también me estaba afectando a mí aunque no lo reconociera, aunque no lo gritara, sabía que estaba ese sentir dentro de mí y que lo tenía que reprimir por todos los medios posibles.

Separé mis labios al fin y moví mi cara despacio para que nuestras frentes quedaran unidas de nuevo, luchaba contra mis propios deseos de besarle, de embriagarme de él como tantas otras veces lo había hecho –Con el baño te relajarás… y… además… no quiero que alguien más entre y te vea así de nuevo…- le decía que se fuera y sin embargo yo no me alejaba de él, mis ojos permanecían cerrados mientras sentía como su aliento y respiración recorrían mi cara –Cualquier cosa… cualquiera… que necesites no dudes en pedírmela…- después de todo mi esfuerzo titánico mis labios llegaron hasta los suyos dando un suave beso, no le quería lastimar, me separé de ellos con pesar y abrí los ojos para verle mientras mis manos tomaban sus mejillas –Estaré aquí… mandaré a alguien con Hefesto e iré a tu encuentro para ver si nada se te ofrece…- di un paso hacia atrás mientras parecía que mis pies no se querían alejar nada más, los obligué a que me obedecieran mientras nuevamente salía del cuarto para mandar a alguien en busca de Hefesto y le dijera lo ocurrido, lo último que quería era que llegara lleno de cólera y no por que me importara lo que le ocurriera a él sino por que fuera a arremeter en contra de Ares que no se encontraba en la mejor de las circunstancias, además de que si quería que me dieran el permiso de cuidarle, si es que alguien me lo quería negar, se dieran cuenta de que mis intenciones sólo eran esas, cuidarlo y nada más...debía empezar a darle esa confianza al propio Hefesto.
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Re: La ira de un dios [Libre]

Mensaje por Ares el Mar Sep 21, 2010 1:53 pm

La voz que se perdió al fondo de su garganta antes de cobrar fuerza para pronunciar ese "y yo contigo" fue la mejor respuesta que podía haberme dado... Era uno de esos momentos en los que podía creer que todo era verdad, que deseaba que pasásemos juntos la eternidad así como yo lo ansiaba, que me quería más allá de la mera pasión que desatábamos en nuestros encuentros, que en su garganta ardían las mismas promesas que en la mía... Medios tonos, miradas, parecían ser el único cuerpo que iban a tomar esas promesas...

Una de sus esclavas apareció, haciendo que se girase al instante pero no creía que fuese precisamente por miedo a que nos viese mientras rozaba su mejilla... a fin de cuentas ese sería el gesto más casto de muchos de los que seguro podrían haber presenciado en otras circunstancias... La miré sin dificultad por encima del hombro de Afrodita, manteniendo su mirada unos segundos antes de que la chica la bajase notablemente ruborizada, sin saber bien donde dejarla para evitar mi cuerpo desnudo y a su vez mantener la dirección de su ama, optando finalmente por el suelo... Sonreí de lado, sin apartar los ojos de ella mientras recogía con adorable torpeza el estropicio que había causado antes, llevándose los restos de mi ensangrentada toga contra el pecho como si de verdad se pudiese hacer algo con ella más que tirarla.

Cuando se fue la esclava Afrodita se volvió con una sonrisa extraña en los labios, esa expresión que me producía tanto placer ver en sus ojos... Estiré mi media sonrisa sin apartar mis ojos de los suyos, sin atisbo de intentar esconder mi satisfacción. Yo conocía mis sentimientos, la forma en la que me hervía la sangre cada vez que alguno de esos bastardos se acercaba a ella más de la cuenta, la desnudaba con la mirada o le dirigía cualquier tipo de coqueteo... Por mucho que intentase fingirlo los celos me mataban, pero a ella parecía poco importarle, por ello... cada vez que veía esa expresión en sus ojos me producía tanto placer, porque parecía que ella me desease en exclusiva, que una mera mirada como aquella le disgustaba, que tampoco tenía la intención de compartirme...

- Suelo causar ese efecto en el servicio...- comenté divertido en un cálido susurro, siguiendo su broma mientras bajaba la mirada a mi cuerpo antes de volverla a sus ojos- ...dudo que les importase que me las mandases.

Sin embargo ante la mención de su marido mi humor se esfumó al instante. No me agradaba el hecho que de supiese que estaba aquí, si era capaz de dejar su fragua por algo sería por mí, y no precisamente para cuidar de mi salud sino para empeorarla si podía con su presencia... Tenía la convicción de que si no le llegábamos a decir nada se habría pasado el tiempo trabajando sin pisar la casa, pero Afrodita estaba dispuesta a hacer las cosas bien por esta vez... no sabía lo que pensaba hacer, pero confiaba en ella, además de que era su casa, bastante tenía con que me aceptase ahí.

En cuanto sentí su cuerpo más cerca del mío, sus dedos rozando mi rostro cerré los ojos olvidándome de todo el asunto de Hefesto. No se hacía idea del poder que tenía sobre mí, de la expectación que podía crear esa simple palabra "Pensaba"... tal vez más que por ella era por su tono, por la duda impresa que se quedó congelada en su garganta, por la esperanza de que por fin surgiesen de sus labios aquellas palabras... que no le hicieron. Noté como su mano abandonaba mi rostro para detenerse en mi hombro, mientras mis ojos bajaban al suelo y mi sonrisa decrecía intentando ocultar mi decepción.

-Supongo que incluso el dios de la guerra siente el dolor...

Mis palabras quedaron perdidas en un susurro a media voz, hasta que volví a escucharla... Odiaba toda aquella parafernalia, aquel teatro absurdo que nos veíamos obligados a interpretar... ¿dormir separados? su cama siempre había sido mi cama al igual que la mía había sido suya, por si fuese poco tener que estar bajo el mismo techo conteniendo las ganas de besarla hasta caer rendido ahora tendría que soportar una noche en la casa de mi hermano mientras él duerme con ella... o no. Al escuchar que estaría conmigo alcé el rostro de inmediato, mirándola sin entender y haciéndolo a la perfección al mismo tiempo... ambos luchábamos entre lo que era correcto hacer y lo que deseábamos... al menos aquella vez teníamos pretextos a nuestro favor, más o menos creíbles. Sus dedos rozaron mi torso, pasando el hombro al costado, haciendo que cada centímetro de mi piel reaccionase a tan conocido tacto erizándose, como gritándole la necesidad de más...

Besó mi mejilla mientras nuestros cuerpos se acercaban casi al unísono, mis dedos encontraron su cadera, apenas posándose sobre ella en esa súplica por mantenerla cerca... Cerré los ojos, sintiendo sus tibios labios sobre mi piel, dejando que el tiempo corriese libre, ansiando congelar ese segundo... Había tantas cosas por decir, por desmentir... Cargué la mejilla sobre su mano, intentando frenar el torrente de palabras que amenazaban con salir... Nuestras frentes se juntaron, podía sentir el dulce aroma de su piel embriagándome, la tentación de su boca mientras nuestras respiraciones se mezclaban en una cálida atmósfera. Miré sus ojos cerrados, podía ver su esfuerzo al igual que el mío, ambos lo deseábamos, ambos podíamos, solo unos milímetros más... y nos perderíamos como tantas otras veces, algo que en aquel momento.. no debía pasar.

-¿Cualquiera...? Quédate conmigo... Ahora... Siempre...

Susurré rozando sus labios a cada palabra, poniendo las cosas si cabe más difíciles mientras todo lo que acallaba mi pecho parecía a punto de desbordar... Un efímero beso acalló todo, ahogando esas palabras que tal vez nunca deberían haber surgido pese a que no me arrepentía de haberlas pronunciado... Aquel absurdo y tiránico formalismo volvió a imponerse sobre nosotros mientras ella se alejaba diciendo algo que no llegué a oír del todo... tenía demasiada rabia dentro todavía.

Tras esperar unos momentos y coger aire decidí abandonar la habitación, tenía un baño que encontrar... Si bien lo había visitado varias veces siempre había estado más entretenido en su boca y su cuerpo que en recordar el camino por el que me llevaba, así que me dediqué a vagar por los pasillos, sin encontrarme con ningún sirviente al que preguntar (por fortuna, ya que seguía negándome a ponerme esa toga, prefería caminar sin pudor alguno) Hubo una sala que me obligó a detenerme... bien, no era un baño ni mucho menos, sino una especie de... ¿armería? Sin duda una de las galerías o talleres de Hefesto, una infinidad de armas, armaduras y extraños y para qué mentir, hermosos artilugios y esculturas. Entré en silencio, admirando la colección, deteniéndome en una pieza arrinconada en una esquina, una espada corta, de una mano, sin especiales florituras ni adornos pero que sin duda... era hermosa en sí misma. La tomé, sorprendiéndome de su ligero peso, probando un par de florituras y cortes que sesgaron el aire con un sonido cristalino. Terminé con energía, extendiendo mi brazo cuan largo era en una estocada perfecta, observando el brillo resbalar por su filo, su forma perfecta como una prolongación de mi propio cuerpo, una hoja que ni siquiera ondeaba pese a la energía del golpe...

- Tengo que reconocer que eres todo un artista hermanito...

Mascullé para mí mismo con sincera admiración... y sin poder resistirlo cerré los ojos, repitiendo cada golpe, cada giro y pirueta que llevé a cabo en el templo, dejando que la rabia pasase por mi brazo hasta expulsarla, tratando de encontrar cada fallo que me provocó una herida... Pero me había excedido en el esfuerzo, fue entonces cuando sentí un torrente de dolor que me recorrió desde el costado hasta el hombro, pasándome por el brazo hasta hacer que soltase la espada, la cual comenzó a caer hacia el suelo... sin llegar a caer, pude agacharme y detenerla antes de que el estrépito despertase a toda la casa. Suspiré con alivio, me habría ganado una buena charla...

- ¿Se puede saber en dónde demonios está el dichoso baño?
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Re: La ira de un dios [Libre]

Mensaje por Afrodita el Miér Sep 22, 2010 1:25 am

Sus palabras aunque ahogas por el beso, seguían retumbando en mis oídos aunque no lo pareciera, cada instante junto a él se convertía en un tormento, al verle tan cerca de mí pero tan lejos a la vez, tan mío y tan ajeno, saber que quizá sus palabras habían expresado un deseo que yo también tenía hacía que una esperanza por mínima que fuera, estuviera ahí... latente.

No tenía idea de donde se encontraba la servidumbre, en especial aquella que le había visto, las cosas no podía quedar así, encontré a uno de los esclavos y le abracé por el cuello, sabía que era una de las formas más eficaces de obediencia, le mandé a casa de Ares para que le trajera ropa y algunos efectos personales, me separé del esclavo con una sonrisa y en cuanto hubo dado vuelta me sacudí las ropas de donde sus manos se habían posado sobre mi cuerpo.

Iba a su encuentro pero de pronto todo me estalló de nuevo en la cabeza y me dejé caer en una de las sillas del amplio comedor, sentía que en algún momento esas ideas que corrían en mi cabeza me traicionarían, pude perderle, no verle más, negué con la cabeza pues estaba ahí... en mi casa, conmigo... me levanté de un golpe y seguí mi camino, la esclava que había estado buscando desde que salí del cuarto se había cruzado por mi camino y la detuve poniendo una de mis manos sobre su brazo al grado de tironearla -No debes verle, no debes cruzarte por su camino y eso mismo quiero que le digas a todas, a Ares... sólo lo atiendo yo... y algún hombre... ¿entendiste?- mi voz salió siseante y al soltarla las marcas de mis dedos habían quedado sobre su pálido brazo, lo cual en poco me interesaba, a cada paso que daba intentaba tranquilizarme, para cuando llegara con él.

Observé el cuarto y no le encontré, sonreí... supuse que si estaría tomando el baño así que me dirigí hacia el cuarto donde tenía que encontrarle, fruncí el ceño al no verle -¿Dónde estás...?- escogiendo cuarto... fue una respuesta que me vino inmediatamente pues no podría estar en algún otro lado, revisé cada uno de los cuartos y los nervios empezaron a apoderarse de mí al no encontrarle en ninguno de ellos, ninguno de los esclavos que me encontraba, mi corazón parecía volcarse fuera de mi pecho, tenía angustia y no sabía el motivo.

Observé para todos lados tratando de encontrarle por algún medio, hasta que escuché un sonido en el cuarto que Hefesto tenía destinado para las armas... aquél cuarto era más visitado que el mío, lo cual me alegraba, recordé que no había mandado a nadie a avisarle y en cierta parte pensé que había estado bien, pues ahora se encontraba en casa... o al menos eso pensaba... tomé todo el aire que pude pues el sólo verle me provocaba náuseas, sin embargo tendría que plantearle las cosas de manera tranquila, hasta que se negara... claro estaba... ahora mis pies no se querían mover... verle en realidad era mucho más difícil de lo que quería aceptar, me acerqué a la puerta y apenas si puse mis manos en el filo de esta y me asomé un poco -Hef...- toda esa pesadez y angustia desaparecieron en un solo segundo, sonreí sin poder evitarlo, mientras guardé silencio y recargué mi espalda en el marco para verle, al parecer no me había escuchado.

Quedé perdida en cada uno de sus movimientos... eran perfectos, limpios, exactos... y sobre todo en la perfección de cada uno de sus músculos, recorrí su cuerpo con la mirada sabiendo que cada centímetro ya lo conocía, incluso podía decir que me lo sabía de memoria, le vi agacharse y después escuché su maldición -¡ARES!- me acerqué hasta él de nuevo mientras le quitaba la espada de las manos y dejarla en el piso, mientras tomaba su rostro por las mejillas con sumo cuidado, la preocupación que experimentaba no podía ocultarla, mis manos aún sobre sus mejillas tenían como respuesta de mi nerviosismo un ligero temblor -¿Estás bien?- busqué su mirada después de que mis ojos recorrieran una vez más su cuerpo para ver que le había ocurrido -Te dije que fueras a darte un baño...- le enderecé para ponernos de pie mientras mis ojos volvieran a recorrerlo, notando que su costado volvía a sangrar, mis manos querían tocarle... pero sólo me limité a llevar de nuevo la manga de mi vestido para que absorbiera la sangre -Eres un bárbaro... te tendré que amarrar a la cama...- negué con la cabeza mientras le seguía limpiando y una sonrisa maliciosa se había dibujado en mis labios por aquella afirmación que había hecho.

Regresé la vista a sus ojos nuevamente -Vaya contigo... cuidarte es más difícil de lo que pensé...- acaricié su mejilla -Debes cuidarte y ayudarme a que te cuide...- mis dedos aferraron aun más su mejilla, mientras mis ojos le veían ahora con súplica, aquella picardía anterior había desaparecido por completo -Ares... ¿qué aun no sabes que perderte me mataría...?- bajé la mirada las palabras se me habían salido sin siquiera poderlo evitar, mi mano se iba separando de él, mientras iba regresando a mi costado y suspiré, quizá le pudiera convencer de que sólo había sido un arranque, quizá ni siquiera lo tomara en serio... quizá no me tomaba en serio, puse mi mano sobre su costado que estaba bien para hacerlo que girara y salir de aquél cuarto para ayudarle a que tomara ese baño -Mandé a un esclavo para que te traiga ropa de tu casa...- no es que me molestara verle así, pero no quería que las demás lo hicieran... suspiré mientras nos encaminábamos, ahora tenía que ver que diría.
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Re: La ira de un dios [Libre]

Mensaje por Ares el Miér Sep 22, 2010 11:53 pm

- ¡ARES!

Me encogí de hombros mirando por encima de uno, sintiendo lo mismo que cuando Hera me cazaba hurgando en la armería del Olimpo en alguna de mis escapadas siendo apenas un niño. Desde pequeño me había estado metiendo en líos, más si tenían que ver con armas, entrenamientos y enfrentamientos con mi hermano... pese a los intentos de protegerme y alejarme del camino de la violencia mi pobre madre. Evidentemente había cosas que nunca cambiaban, y esas tres se mantenían intactas; pero había un grato cambio en el escenario... ella.

Por segunda vez en aquel día me liberó de la espada, sentí como el ligero y frío metal abandonaba mi mano salvadora antes de terminar su caída al suelo, pero poco importaba ya, lo que había procurado era evitarle un disgusto o preocupaciones innecesarias... Después de todo, sabía que ella lo hacía, que temía por mí y mi salud, más después de lo visto en el templo, pues había podido ver el verdadero miedo en sus ojos. ¿Por qué me extrañaba? A fin de cuentas yo sabía que si algo le ocurría a ella me resultaría insoportable, la mera idea me provocaba un deseo irrefrenable de protegerla de lo que sea que pudiese dañarle, así fuese de mí mismo. Supongo que en verdad sí sabía la respuesta... y es que me aterraba hacerme falsas esperanzas, en pensar que pudiese importarle de verdad, que pudiese sentir algo de verdad por mí más allá del evidente deseo que nos profesábamos porque entonces... sentiría lo mismo que yo... y eso no sabía en que lugar exacto me dejaba. O es que sencillamente... tenía miedo a que la respuesta fuese simplemente "no"... que no sintiese nada por mí, y prefería quedarme con la duda antes que enfrentar eso... Era un cobarde.

Sus manos temblaban sobre mi rostro, aquello era de verdad, estaba nerviosa, debía de haberme visto doblarme por el dolor... y la idea de que llevase más tiempo ahí observándome pese a ser solo una posibilidad me arrancó una sonrisa. Me obligué a centrarme en ella, en sus palabras, sonreír en aquel momento era estúpido, más en mí, parecía ser que solo estaba bien que sonriese ante algo sádico o mordaz, pero en este caso era sencillamente el deseo de calmarla... pero no daba tiempo pese a mis reiterados intentos de abrir la boca. Noté como me ayudaba a incorporarme y la seguí, cargando parte de mi peso en ella tragando cada uno de los improperios que se arremolinaban en mi mente, pero se extinguieron al notar la manga de su vestido... manchada otra vez. Vaya, por si la caída no hubiese sido suficiente... ¡más sangre! y sabía que encima ella la odiaba... Cubrí su mano con la mía, restándole importancia a la herida del costado, como si no estuviese ahí, tomando aire para responder por fin sus preguntas mientras con mi mano libre intentaba conseguir que me mirase.

- En realidad sí, ni me duele así que... no te preocupes. Y tu baño ha huido de mí, no tengo la culpa - sonreí al escuchar su última afirmación, enarcando una ceja- Es parte de mi encanto natural... y ciertamente, no es una mala idea...

- Soy el dios de la guerra, lidiar conmigo nunca es fác.. - no llegué a terminar la frase, toda mi fanfarronería se evaporó al instante borrando la socarrona sonrisa de mis labios... Sentí sus dedos presionando la piel de mi mejilla, como respuesta a una batalla interna o una cadena de pensamientos nada agradable, y yo había sido el desencadenante sin duda. Sin embargo, fueron sus palabras lo que me hicieron temblar en un placentero y peligroso escalofrío... ¿Aquello había sido cierto o la pérdida de sangre me hacía delirar...? Me quedé inmutable, mirando sus labios como si fuesen a repetirlas, como si hubiesen dejado una huella imborrable en ellos para darme la certeza de que no había sido otra de mis ensoñaciones... Cuando alcé la mirada vi como la suya había quedado semioculta clavada en el suelo, mientras sus manos se alejaban de mí... me giró, y yo con cierta torpeza seguí sus indicaciones hasta llegar al marco de la puerta...
No podía dejarlo pasar. Había esperado demasiado tiempo a esas dos palabras.

Me giré en redondo, aferrándome al marco de la puerta con ambas manos para detener su paso, notando como por la sorpresa chocaba suavemente contra mí. La aferré con uno de mis brazos, con decisión, sin vergüenza o miedo a que fuésemos descubiertos, por mí como si se enteraba todo el Olimpo de nuevo, no sería una nueva noticia... Miré sus ojos, con una nueva determinación...

- ¿Cómo voy a dejarte... si eres la razón para que siga aquí?

No tenía el don de Apolo para las palabras, y rogué para que no hubiese sonado como una pregunta evidente en pos de un reproche... Para mí aquello era lógico, obvio y sencillo, la amaba, si no hubiese sido por mi irrefrenable deseo de estar a su lado aunque fuese como uno más de sus amantes era la única razón por la que no había vuelto a los campos de batalla escapando de nuevo del Panteón. Nunca se me había dado bien lo de quedarme pasivamente en un sitio, si bien atendía a mis fieles prefería responderles cuando verdaderamente me necesitaban, cuando su sangre iba a ser derramada confiando en que mi acero fuese a su favor y no en su contra. Pero aquella vida... era una lejos de ella, una que no quería por nada del mundo.

Maldije no poseer las palabras exactas para expresar todo aquello, para hacerle entender, para mostrarle que todo era cierto... Así que tomé sus mejillas y la besé, la besé como nunca lo había hecho y siempre había querido hacer. Solo era un gesto, pero uno que llevaba cargado demasiado años de silencio e impulsos retraídos, que quería decir todo lo que yo no podía o no debía, un beso que si bien furioso se dulcificó poco a poco, tanto que pareció llorar antes de sencillamente adorarla como mi boca había esperado tanto tiempo.
Con amor.

No sabía si aquello había estado bien, si había sido una estupidez o si ahora sí me echaría de una patada. Me quedé mirándola unos segundos que se me hicieron eternos, y antes de que ardieran las mejillas y titubease como un adolescente con su primer amor... decidí caminar un par de pasos hacia atrás, chocando contra la pared del pasillo para dejarle paso. Miré al suelo tomando aire... ¿y ahora qué?

- ... Vayamos... a ese baño.
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Re: La ira de un dios [Libre]

Mensaje por Afrodita el Jue Sep 23, 2010 6:04 am

De nuevo tendría que cambiar mi vestido, pero eso de nada importaba, sólo le quería ver bien, como antes… o quizá no pero no en un sentido físico, no… yo sola me entendía a como quería verle, pero eso ahora no importaba y me lo tenía que sacar de la cabeza antes de que las palabras volvieran a escapar de mi voluntad, llegando hasta los oídos que querían, deseaba ser escuchada pero quizá no debía.

Creí firmemente que me había salido con la mía, aunque la realidad era que no quería, quería saber que esa pregunta le había hecho pensar, que al menos lo sabía… su torpeza, me hizo creer que se había lastimado aún más o que algo había pasado, yo no sabía de heridas ni curaciones, nada, ese era su terreno, pero sabía que no admitiría en realidad cuanto se había lastimado.

El ir pensando en si mis palabras habían ocasionado algo o simplemente se haría como que nada hubiera pasado, hizo que me tomara por sorpresa su repentino giro, haciéndome un poco para atrás al chocar con su cuerpo, arqueé una ceja al verle tomar esa posición, no le tenía miedo, pero no sabía que era lo que ocurría, no era posible que me dejara en ese lugar, ideas cruzaron por mi mente hasta que me tomó por las mejillas y pronunció aquellas palabras… la garganta pareció cerrárseme al mismo instante que le escuché, mi corazón quería entenderle pero mi cabeza aún se negaba, lo vi y quería decir algo, quería hablar, decir cualquier cosa, decir que sabía que era por mí, reclamarle el no haberme dicho antes, cualquier cosa, pero hablar… y nunca salió… mi voz me abandonó, el temple que tenía también, me desesperaría el no poder hablar.

Los segundos parecían siglos y mis labios no se separaban hasta que sus labios encontraron los míos, ese beso fue como la respuesta que estaba esperando a todo eso que necesitaba, la respuesta a su propia pregunta, la respuesta a la mía, mis labios respondieron a los suyos fundiéndose en un beso como otros muchos y como ninguno en realidad, sus labios me estaban diciendo más de lo que me había dicho su pregunta y mi corazón empezaba a palpitar mucho más aprisa a cada segundo, mis manos ahora eran las que estaban detenidas pues parecía que mi cuerpo lo único que quería era que ese beso siguiera hablando, dijera todo aquello que se había quedado guardado y que por fin había encontrado una manera de salir, mis labios a cada segundo se dejaban llevar por aquello que me hacía sentir, no era sólo la pasión de siempre, no era deseo… era más… al sentir como se iba separando de mis labios, mantuve cerrados los ojos unos instantes tratando de guardar todas esas emociones que había experimentado en ese sólo roce.

Parpadeé un poco pues todavía me costaba trabajo verlo, creerlo y tener esa sensación en los labios, había sido uno de esos momentos en donde realmente las acciones dicen más que mil palabras… vi como su mirada se perdía en el suelo y mi mano tocó mis labios apenas con la punta de mis dedos, ¿se había arrepentido de besarme de esa manera? ¿por qué bajaba la mirada? Todavía tenía la impresión de sus labios en los míos, aquél candor que se había hecho presente por más que hubiéramos querido esconder, ¿Había sido de agradecimiento? Éramos amantes… sólo eso, un juego predilecto de uno y otro en donde quizá alguien tendría que perder, suspiré mientras le escuchaba de nuevo, cerré la mano enfrente de mi cara como si en las yemas hubieran quedado guardadas todas esas promesas y palabras que no pronunció pero que quería guardar así fueran sólo una leve esperanza, como un rayo de luz que se ha perdido en la inmensidad de la oscuridad y que apenas es visible, pero que existe, o existió, sólo había dejado su alma.

Vayamos al baño… no te vaya a huir de nuevo…

Intenté bromear, pero no salía, de nuevo sentía ese peso sobre mis pies de no quererse ir, de saber que tenían que estar en ese lugar porque ahí se me necesitaba, ahí iba a ocurrir algo y yo no tenía que dejar que pasara… Salí del cuarto y giré un poco para poder caminar en el pasillo pero no pude, simplemente me quedé parada dándole la espalda, tomé aire de donde pude, aunque parecía que no era suficiente.

-¿En serio es por mí?- Pregunté sin verle, sin voltear, si decía que no, sabía que seguiría mi camino y no vería mi cara, quizá no podría controlar mi gesto, pues aun siendo una maestra de la manipulación sabía que con él era muy difícil poder ocultar lo que pasaba –Yo… bueno mira, sé que somos… bueno… que…- y ahora las palabras no salían, me quería dar yo misma dos bofetadas por hacer eso, pues siempre eran ellos los que tartamudeaban y yo me reía y les decía “No, ¿en serio pensaste eso? Iluso…” y me iba, un nudo se atravesó por mi garganta cuando pensé que Ares podía haberme dicho eso, no era por un orgullo herido, sino por un sentimiento carcomido, algo que quedaría ahí y que sólo diría que no había pasado, que sólo era para jugar, una broma –Bueno tú y yo sabemos lo que somos… y quienes somos creo que no tenemos que ocultar eso…- me giré para verlo nuevamente mientras mis manos en vez de ir en busca de sus brazos se habían vuelto a mi espalda, sujetándola por la parte baja, quería ser aquella mujer que siempre imponía, que seducía, siempre entera… -Pero… vamos, Ares… ¿por mí?- arqueé una ceja, ahora si era como antes, insensible, sólo placer, deseo mezclados pero sin sentimientos, lujuria en una manera pura que no dejaba lugar a dudas de que sólo había sido “un buen momento” pero de ahí no pasaba –Ese beso… no fue como los otros… o quizá me equivoco… a lo mejor que tú estés herido me afecta a mí...- negué con la cabeza con una sonrisa de lado pues me afectaba, pero no de esa forma, una de mis manos volvió a salir de su escondite y se encontró de nuevo acariciando mis labios y haciéndome recordar la sensación, haciendo que mi piel reaccionara de nuevo, para volverle a ver.

Acomodé mi cabello sobre mis hombros en un acto de querer encontrar tiempo para yo misma organizar lo que estaba y seguiría diciendo, necesitaba tiempo, aire, ideas, lo necesitaba a él y que me volviera a decir que si había entendido, que esa química que había entre nosotros para sólo entendernos con una mirada pasaba los límites de una cama, que iba a más y que no me había equivocado, necesitaba escucharlo pero temía no hacerlo, mi orgullo no me dejaba bajar del todo la guardia y volverle a repetir lo que le había dicho antes “Lo pudiste perder” fue lo que me repitió mi mente en ese momento.

El amor se trataba de sinceridad, de compañía, de ayuda, comprensión, de ser dos como si sólo se fuera uno y yo… la Diosa del amor, de la belleza… aquella a que cientos de hombres querían, deseaban, idolatraban e incluso rogaba, temía que uno… el que tenía delante de mí, simplemente me rechazara, era absurdo por sí misma la idea y aun así no me dejaba estar tranquila, sacudí la cabeza, no era por orgullo, sólo era por ser sincera, por seguir los preceptos de aquello que yo dominaba en cierto sentido, si yo misma no podía ser honesta con Ares ¿cómo podía mostrarme con aquél mote si sólo estaba para los demás pero no para mí?

-Dime que ese beso fue diferente… dime que encerraba más que sólo el deseo de volverme a besar… dime que escondía aquello que tus labios no fueron capaces de decir con palabras pero que han actuado por lo que sentías…- tomé aire y di un paso hacia él mientras mis manos se movían nerviosas entre el espacio que todavía nos separaba –Dime eso Ares, o dime que sólo hemos sido un juego del destino y que sólo estamos viviendo los estragos de un mal día…- me paré con determinación delante de él sin dejarle de ver a los ojos, ya me había doblado a base de palabras y ahora no lo haría con ninguna de mis gesticulaciones, todo seguiría igual… le cuidaría y sería mi amante de ocasión cuando lo quisiera… o quizá no, pero las atenciones si las tendría…

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Re: La ira de un dios [Libre]

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